miércoles 25 de noviembre de 2009

Ce n'est pas l'histoire du fabuleux destin d'Amelie Poulain V

[...]
Aquí he vuelto hoy, al bar de siempre, con mi ordenador.
Hace demasiado frío y el bar hoy está más vacío que de costumbre.
Hoy no ha venido Luis, ese viejecito entrañable que viene siempre a tomar el café a media tarde.
Aún recuerdo el día que hablé con él por primera vez...Yo estaba escribiendo relajadamente mientras enfriaba el café en mi mesa, se acercó y me preguntó qué era lo que estaba haciendo.
Le respondí: -Es complicado, señor. Simplemente escribo.
Sin pensárselo dos veces tomó asiento y me pidió que fuese más clara. Parecía interesado en mi quéhacer, y eso me hizo sentir especial.
Confusa, pero al mismo tiempo entusiasmada por la situación le conté que desde hacía un par de meses intentaba darle forma a la historia de mi vida.
Sinceramente, hacía tiempo que nadie se interesaba por mi vida, y precisamente era él la primera y única persona que tenía conocimiento sobre mi "pequeño proyecto".

Le seguí contando que había tenido algún que otro problema, y que por el momento, vagaba por el mundo sin rumbo, sin sentido y escribir era la única manera de sacar todo lo que llevaba dentro y desahogarme dentro de mi propio mundo.
Luís me miraba impaciente, deseando saber más y más sobre aquel asunto.
Al fin, clavamos las miradas y el silencio reinó por unos instantes.
Extendí la mano hacia mi taza de café, lo miré y bebí un sorbo.
Aquel delicioso café despertaba todos mis sentidos, era mi pequeño placer de cada día: Café cortado, nube de leche y dos azucarillos.

Luís suspiró, dio una calada a su cigarro y respondió muy serio:
-Yo también he pasado por esa situación...Es largo de explicar, pero tuve una temporada en la que únicamente me desahogaba cuando escribía.
Aún conservo aquellos cuadernos bañados en lágrimas...

Agachó la mirada, se atusó el pelo y continuó:
-A veces me gustaría poder olvidarlo...

Yo le miraba fijamente, atenta a cualquier movimiento, espectante, interesada en su historia. Aquel hombre parecía derrumbado, inerte dentro de su propia vida, de su propia existencia.
Volvimos a quedarnos callados. Al fin, rompí el silencio:
-Pero...¿Qué le ha pasado?

Los verdes ojos de Luís se volvieron de cristal, brillaban a través de sus gafas como dos esmeraldas, por momentos se inundaban. Aquel hombre había sido marcado por la vida como esos animales a los que marcan con hierro hirviendo.
A simple vista, parecía un hombre normal, un poco serio e informal, pero con un toque especial, diferente.
Después de treinta segundos de expectación alzó la voz:
-Soy un gran amante de la literatura, y durante años he intentado alcanzar mi sueño de ser escritor, pero debido a mi falta de moral y fortaleza personal, nunca pude llegar a ser nada.
Podría decirse que he sido un escritor fracasado.

Mi juventud no fue fácil, viví solo, sin nadie a mi lado a quien cuidar, sin nadie en quien confiar, sin nadie con quien hablar.
Mi mundo se fue cerrando; fui creando una muralla entorno a mi corazón que me impidió volver a ser como antes.
Cometí errores, terribles errores, y...

Volvió a quedarse callado, inmóvil...

-Y...perdí todo lo que más he podido llegar a querer en mi vida. Perdí a la mujer más maravillosa que jamás había conocido por culpa de mi inconsciencia.
Toda mi vida he seguido enamorado de ella, de sus ojos, de su risa, de su dulce voz...
Ella decidió olvidarme, salir de mi vida, pero nunca pudo imaginar cuánto llegué a quererla y cuánto aún hoy la quiero.

Dos meses más tarde, seguía pensando en ella, como el primer día. Su nombre me rondaba en la cabeza, su aroma paseaba por mi mente constantemente, como una mariposa que revolotea alrededor de las flores.
Ese día salí a la calle con mi perro, mi único amigo entonces y recibí la peor noticia que en ese momento podía recibir: Mi gran amor había muerto en un trágico accidente. [...]


Empalidecí...mi cigarro se consumía inevitablemente en mi mano, aún intacto.
Luís prosiguió:
-Mi gran amor había muerto y ya nunca podría decirle lo mucho que la amaba y lo mucho que la echaba en falta. Todo se había acabado, y esta vez para siempre.
Las pocas esperanzas que se posaban en poder volver a su lado se habían esfumado en una milésima de segundo.
Entristecí, me derrumbé y a partir de ese día, todo, absolutamente todo lo que se encontraba en la faz de la tierra me recordaba a ella.
Creí enloquecer, nada tenía sentido, nada me importaba, perdí mis aspiraciones, mis sueños y ambiciones...

La historia de Luís me llegó al corazón, me vació por dentro. Aquel hombre había conocido el amor, el amor de verdad, y aquella culpabilidad aún dormía a su lado, irremediablemente reposada en sus brazos...
[...]

1 comentarios: