
[...]
Lo cierto es que era demasiado extraño que Luis no hubiese ido aquel día al bar. Me preocupé bastante. Apenas le conocía, pero dentro de mí sentía como si hubiese formado parte de mi vida desde siempre; como si nos conociésemos desde niños. La verdad es que era increíble. En aquel momento de tensión fui consciente de la importancia que Luis cobraba en mi vida, teniendo en cuenta que apenas lo conocía...o eso era lo que mi razón apoyaba.
De lejos le ví venir, mi corazón empezó a latir deprisa, fuerte, muy fuerte. Sonreí y pensé:
-Gracias a dios...Ahí está.
Entró al bar, y rápidamente, dirigió su mirada a mi mesa al mismo tiempo que una sonrisa iluminaba su rostro. Era como si, desde fuera, ya supiese que yo estaba allí sentada, preocupada, expectante.
Miró de reojo la mesa de la prensa, sin detenerse a coger su periódico favorito.
Me dije a mí misma:
-Vaya...qué extraño...Hoy no revisará la prensa...
Tomó asiento.
-Buenas tardes. Perdóname, chiquilla, ha sido un día poco convencional. Me he retrasado mucho.
La verdad es que la rutina suele hacer que las personas se conviertan en meras máquinas de repetición pero...adoro mi rutina, es mi regalo diario, es mi VIDA y, sinceramente, detesto el día que rompo con esa vida mía.
Sonriendo contesté:
-No pasa nada, lo cierto es que he estado distraída. Supuse que estaría ocupado.
No quería mentir pero tampoco creía conveniente hacerle ver a ese hombre la tremenda preocupación que había sufrido instantes antes de su aparición.
Al escuchar aquella frase, Luis frunció el ceño, y rebuscando en su chaqueta su paquete de tabaco añadió:
-No tienes cara de haber estado felizmente inmersa en tu qué hacer. Parece que estés preocupada por algo...
Agaché la mirada y asentí:
-No ha sido una buena tarde. He teorizado más de lo habitual, y creo que ha acabado perjudicándome un poco.
A veces, cuando paso mucho tiempo pensando en mis cosas, en encontrar significado a los actos, a las palabras, a las personas, a los sucesos...acabo dándome cuenta de muchas verdades, que, a veces, me cuesta admitir y me duele recordar.
Luis no apartaba la mirada de mis ojos:
-Chica, teorizar está muy bien pero debe ser algo que se haga para sentirse mejor.
Las cosas, en exceso o en defecto siempre perjudican, y pensar demasiado o hacerse preguntas en exceso termina por perjudicarte gravemente.
Deberías plantearte seriamente este asunto o te conducirá a una penumbra de la que te resultará tremendamente complicado salir.[...]
Sólo pude asentir, una vez más, Luis tenía razón. Le daba demasiadas vueltas a las cosas, pero solamente en mis días soleados era consciente de la inutilidad de pensar a todas horas en lo mismo.
El resto días le daba vueltas a todo, sin pensar por qué lo hacía, sin pensar en todo lo que me perjudicaba, de hecho, no sabría explicar, ni siquiera hoy, por qué he actuado siempre así.
La mayoría de los días, mis pensamientos eran hipótesis. Suposiciones y teorías estúpidas; ilusiones o desilusiones...
Pensaba: -Mañana será otro día; puede que mañana al despertar, recuerde todo como un mal sueño, como mi peor pesadilla.
El caso es que eso nunca ocurría. Cada día mi tristeza se hacía más grande. Sí, me acostumbraba a no tener, a vivir sin todas aquellas cosas; pero sólo eso...costumbre. Era incapaz de olvidar, de pasar a otra cosa así, sin más.
Luis me miraba fijamente mientras fumaba. Sus ojos evocaban interés, perplejidad.
Esperaba algún movimiento por mi parte; yo, en cambio, me había quedado (una vez más) ensimismada en mis pensamientos.
Así era yo...me adentraba en mi propio mundo y yo sola construía la historia...en otras palabras: "yo me lo guisaba, y yo me lo comía".
De repente, "desperté" y alcé la voz:
-La verdad es que a veces todo deja de tener sentido. Mi vida es como una sucesión infinita de puntos suspensivos, que no dicen nada, que suponen mucho, que dan lugar a más confusión...
Luis, pausadamente tomó palabra:
-Sospecho demasiadas cosas, jovencita.
Eres una persona que da muchísima importancia a las personas, a lo que ellas significan, a lo que ellas aportan, más que al resto de cosas físicas que puedas tener.
Necesitas de ellas para seguir tu vida, para mantener tu corazón vivo; pero, por motivos que sabes y yo aún desconozco, las has herido y te es imposible seguir adelante con ese peso.
Te resulta tremendamente complicado acostumbrarte a la vida sin esas personas que te hacen sentir viva.
También sospecho que basas tu vida en un cúmulo de ilusiones, recuerdos e imágenes. De lo que no te das cuenta es de que, esos recuerdos son eso, recuerdos.
Siempre he creído que los recuerdos paralizan el cerebro si se abusa de ellos. La vida sigue, el tiempo pasa y debes dejar de perseguirlos todo el tiempo. De lo contrario, la realidad se convertirá en tu peor pesadilla, no serás capaz de entenderla ni de manejarla, y te limitarás a tratar de atrapar esos recuerdos como quien desea atrapar aire con las manos y sostenerlo consigo para siempre.
…
¿Me equivoco, señorita?
[...]
El truco no está tanto en olvidar y pasar página sin mas, sino en recordar, aprender y construir de nuevo. La vida no es sino empezar de cero cada día, aunque muchas veces preferimos seguir a ciegas y darnos otra vez contra la pared, como si fuera una droga que necesitamos, aún cuando sabemos que nos está matando. Pero ahí seguimos, convenciéndonos de que ese será definitivamente el último chute.
ResponderSuprimirEs una gozada leerte, de verdad. Un abrazo
P.D: La entrada de la estación la escribí en un momento de mi vida en que no sabía muy bien lo que quería, ya hace mucho... Me alegro dq te guste, en serio, mola saber que no eres el único teorizador del lugar. Aunq de eso entiendo q la ultima entrada no ha estado a la misma altura? jejejejeje. xDD